El joven Pablo Ruiz Picasso tiene diecisiete años.
Como hemos dicho y razonado anteriormente, Pablo Ruiz Picasso, continúa sin instrucción básica; estado que hoy se calificaría de analfabetismo. Angustiado, pues, por la presión creada en torno a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y su entorno social, y muy particularmente por las exigencias que su padre, funcionario público y profesor, exige de él, cae enfermo en un ordinario
mecanismo de defensa del organismo y la psiquis.
Ha discutido con su padre. Se han agredido.
Insultado. Odiado.
El sentido de la supervivencia, entonces, genera en Pablo Ruiz Picasso un revulsivo transformador de su pasada conducta indolente; así, comienza tímidamente a ensayar su firma. Incluso, su cerebro rechaza la inclinación hacia delante, masculina, y ensaya la inclinación hacia atrás, mayoritariamente femenina: